lunes, 15 de abril de 2019

Diario de Amy.



Qué dependientes nos hemos vuelto a aquella luz artificial, aquella fuente que nos alumbra en las noches y que a veces nos hace olvidar por completo la luz que nos brinda la fiesta de la luna y las estrellas en las pantallas del cielo.
Yo particularmente nunca las ignoro. Es mas, me fascinan.
Pero cuando no puedes salir a compartir con ellas te queda es la fuente creada por manos del hombre. ¿Y qué pasa cuando esta no está?
Solo hay oscuridad. Inquietante, fría, y a veces ensordecedora.
Uno es fan de las noches hasta que no puedes iluminar tu camino. Cuando tanto abrazador silencio se vuelve una tortura para la mente. Entonces no hay salida. Sólo queda esperar a que se asome por detrás de las montañas los rayos de la estrella de la claridad, enemiga de la oscuridad.El radiante sol.
Qué dependientes se han vuelto mis pensamientos a la luz artificial. ¿Estaría mal llamarlo dependencia? Porque costumbre suena muy simple. ¿Entonces por qué no me acostumbro a esta oscuridad que me consume? No es fácil acostumbrarse. 
Creo saber qué piensas.
Disculpa, esta oscuridad me hace perderme, busco, busco y busco y en ella no consigo nada. Sino más oscuridad.
La cosa es que lo que busco no está ahora a mi alcance. ¿O eso es lo que quiere ella que piense?
Pero no parece mentirme. Es cierto... No logro conseguir unas manos suaves que me acaricien el rostro con cariño y que luego buscan aquí y allá las mías para ser entrelazadas.
No consigo en medio de este desierto frío y oscuro unos brazos que me calienten.
No hallo en la arena un mensaje oculto, porque la oscuridad me ha cegado.
Pero de algo sí estoy segura: Existe, y lo quiero mucho.
Hoy miro la luna al fin.
Esperando con ansias que él también la esté viendo.
Así de cierta forma nos conectaríamos a través de ese conejo caprichoso por ser sólo digno de ser visto por los que observan con amor y quizás, con esperanza de un pronto encuentro.


- Amy P. 

 

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